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La noche es el manto del encuentro 
del encuentro de los peces con su orilla
en la orilla de tus ojos casi al borde
del borde del agua en la mirada
mirada que se funde con el beso
del beso que se abraza con la calma
de la calma dentro del horizonte
horizonte que nace en la caricia
caricia que copula en el perfume
del perfume que me lleva a vos.



 (Leído de abajo hacia arriba)

Vos sos el perfume
perfume que copula en la caricia
caricia que nace del horizonte
del horizonte dentro de la calma
calma que se abraza con el beso
del beso que se funde en la mirada
mirada al borde del agua 
del agua en la orilla de tus ojos
de tus ojos que son peces que se encuentran
del encuentro con el manto de la noche.

Miro caer la lluvia siempre desde el mismo lugar en la ventana,
las manos se me ponen frías 
y el pasto siempre de un verde al que no le crecen flores.

¿Cómo despido el amor si al fondo,
 un árbol se llena de frutos anunciando la vida?

Tus manos

Agarro tus manos como un cántaro,
como si fuera a beberte el agua
mi respiración choca en tu palma,
te huelo y la curva se amansa.
La humedad en mi boca 
hace que lama despacio,
como si tu piel
detuviera el minuto.
Me centro en el hueco 
con las ganas de mi lengua
dibujo círculos
y bebo tus dedos que 
erguidos se levantan.
Dejo caer mi saliva desde la punta y trago
puedo sentir impregnada la garganta 
de un sabor nuestro,
de un hambre que nos devora.
Antes de ser hija, fui ciega.
No supe verte temblando 
derribando la palidez en la noche
buscando detrás de la sombra.

Ni sentí como rompías
el dolor con el miedo
cuando le clavaste batalla
al racimo de bombas.

Sopló el último humo
y yo tan ciega.
Escribo por que la cita es conmigo
para partir en pedazos el silencio
y que naufrague la culpa, 
para volver al cuerpo 
y no sentir vacío el vientre
para quebrar sola la cáscara
y que nazca un eco.

Escribo para destejerme del espejo
y no saltar a la trampa, 
para que los días sean días
 y no solo un número 
para no caer de rodillas 
cuando se clava la noche.

Escribo para que los pronombres 
hablen de mí.
Hagamos un poema de barro dijo -
como si la costa no fuese el verso,
como si tejer orilla
no fuera juntar agua en la mochila
 y llenarla de mojarras y arena suelta,
como si la mateada de la tarde
no fuese de un verde Aguaribay,
como si el canto de las ranas 
no acunara la canoa.
Hagamos un poema de barro dijo-
mientras le cae sauce de los ojos 
como un río.

Tal vez adentro

La caja rebalsó el ruido
y desde adentro
la espesura del pasado
comió el tiempo.
Naufragó el llanto en cada gota
cayó en lo firme, gritó,
desmenuzó el postre
y la sobra del cuerpo.

Se arrugó la cáscara
evité ser mordida y desecho.
Gritó el magnum,
aplastó el tiempo bueno,
se ancló al gris, afiló el óxido
 y en el hueco de la sed
sembré la misma sombra.

Dentro de la caja
escondí las cenizas,
esquivé roces, clavé una hora,
inventé un nido, tejí un viento,
una esquina irregular al cobijo.

Parí la canción del vértigo
y un hambre blanco y seco
que desveló el apetito
ajado de los poros.


En la caja el cartón hecho migas
rompió lo frágil,
tiró abajo el silencio,
y quemó el humo.

Olí a mujer.

Tronchó la fe

Esa vez que creí en un dogma nuevo
capaz de atravesar el hueso,
de erizar el cuero y la pupila
en la certeza de la espera,
de agua y pasto, 
de 6 de enero
ví vestir de gloria la miseria 
te escuché deshuesar de la emoción los versos 
como quien despelleja un bicho para colmar el hambre.
El ruido tronchó el desencanto
cayeron los vuelos en los gajos del árbol,
y en la luz de un cuerpo que se apaga.

Desde esa vez
me ahogan las vendas con que me tapé los ojos 
y confieso por último 
no creo en nada.



(Leído de abajo hacia arriba)

No creo en nada
por último lo confieso,
me tapé los ojos y me ahogué con las vendas 
desde esa vez.

La luz de un cuerpo se apaga
y en los gajos del árbol cayeron los vuelos
el ruido tronchó el desencanto
como quien colma el hambre despellejando un bicho,
te escuché deshuesar de los versos la emoción, 
ví vestir de gloria la miseria,
de 6 de enero, 
de agua y pasto 
en la certeza de la espera 
con el cuero erizado y la pupila 
atravesada hasta el hueso en un dogma nuevo, 
esa vez que creí.

Serendipia

El miedo aplasta el reflejo,
me esfuerzo en significar un salto de lengua en la boca
en la muestra anual del descuido, 
en la pila húmeda de arena que se seca y desparrama
como la trama destejida del hilo
o de a ratos tal vez, 
en el efímero rasgueo de reír con vos.
La urgencia es la llave vacía de la espera,
unas manos que vuelcan la curva lenta de un hueco,
un cuerpo trenzado que toca el fondo,
de un perfume que no lo salva.

Como brote azucarado en la mañana
o como la efímera espuma que retorna
así, de para en par 
fue el comienzo.

Ni una más

La hambruna anda suelta por la calle
lamiendo la sangre roja del dolor
aullando fugaz por los rincones del silencio.

Mientras, 
yo enciendo cada amuleto, antes de atravesar la puerta, antes del olor a miedo.


Miedo al despellejo,
a que me desplumen el alma 
y me rompan el aire. Miedo al miedo.

Derrumbo de un golpe la miserable puerta interior
entierro al vacío la pena.
Escupo abandono, 
bebo sedienta el dolor de lo largo y ancho 
de este insomnio que aprieta.
Me desangro de todo lo que no pude,
me declaro culpable.
Apuñalo el desamor de una noche hueca,
entierro boca abajo el óxido pútrido
que chorrea el miedo.
El dolor corroe la espina del olvido.

Plan C

Te miro vaciar el amor en cada letra
desdibujando ligero el borde de la calma y la costumbre
allí donde fugaz se hilvana el frío, 
al contorno de la tarde.


Montar fuerte el amor
amarrarlo al borde y a lo profundo,
antes y después de todo,
amar las idas y venidas del amor,
amar lento y durante,
amar el te amo
y el "yo también".

A Nilo

Huyo del silencioso lienzo vacío del patio se me destiñen los párpados gastados.
Me vuelvo polvo al nombrarte
se quiebra la noche de un suspenso abismal. El límite entre gritar de tristeza  y  tragar el nudo de saliva se volvió hueco.

Cabalga  la espera.
La anchura de una tarde traslúcida que alumbra
ungir la tentación de verte,
de tropezar con las olas doradas de tu pelo
chocando donde el sabor sube y desciende.
Intenciones de nácar, bálsamo perpetuo.
Se abre sin prisa un capullo todo nuestro
y se enciende rojo el faro del amor.
El abrazo que no llegó a tiempo se volvió valija. Y en tus ojos, que no cabe tanto trapo
llueve la despedida.

Sin Rocío

Los rincones y los ojos se me llueven todo el tiempo
me rompo cada vez que tu nombre se encadena a la ausencia.
A pedazos yace la noche 
hilvanando una canción muda y frágil.
Se desparraman versos escondidos
y vos, tan distante y fría
te llenas de todo menos de mí.
Anudo en la garganta
la lluvia de tus ojos verdes
bañando esta historia rota.
Todavía huele a nuestra, la casa.
No puedo huir, estoy vencida.
En un cajón, el botón del saco que usaste la última fiesta que fuimos y bailamos.
El acertijo despertó la noche escondiendo las respuestas del amor.
El nido se rebalsa sin mañana.
Desenvuelvo,
desdoblo,
deslio,
el libro añejo
donde supe ser poema.
Se desempolva la mansedumbre.
Tiemblo.
Llega un punto en que el coro de carámbanos 
se rompe,
se parte, 
se quiebra,
se desliza,
se derrite,
se desvanece,
se escabulle,
desaparece,
y me trepa la calma
me sube,
me colma,
me embalsa,
como una riografía enorme
y todo en mí despierta.

¿Alcanzará una noche para estas ganas?

Invierno

Languidece el aire opaco y áspero desde afuera, Se secan los domingos sobre fuego en la chimenea, crujen huesos caídos de los árboles. Nada lo remedia,
Ni el café, ni el diario, ni el nido.
Soy una migaja de pan duro
dentro de la rajadura del asfalto.
Si supieras cómo el cielo me aplasta.
Domingo roto sobre el fuego de la chimenea,
crudo, febril, áspero, opaco.
Nada lo remedia,
ni el crujir del hueso caído de un árbol,
ni el café, ni el diario, ni el nido.
Me arropé de invierno.
Tarde de plomo, fétida.
No sé si nace, muere o ambas. 
Desgarro del vacío,
septicemia del alma.
Tengo un 2 de enero estrangulado en la garganta, Un tormento agonizando la noche oscura de mi alma. ¿ Cuánta ceniza faltará para la vida?
Tristeza enorme
profunda y muda que vuelve,
siempre vuelve.
Yo soy el mar y su orilla.