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Reina de la noche

Acá estoy afuera
afuera de todo y adentro de mí
debajo de mis pies, el pasto
aflojo los hombros,
respiro
espero algo que no sé que es
y otra vez respiro
siento un baldazo de olores
que se abren y cierran todo el tiempo
incienso,
salvia,
burrito,
menta
es el gualicho en los rincones
para esta chinita
un quitapenas.
Dejo caer la amatista
veo un brote nuevo
y mi dedo con tantos bordes
apoyado en la nariz
cuando lo miro
tengo un revoltijo en los ojos
que prende y apaga
un velo transparente me cubre
es un hambre enorme y dulce
por oler y mirar
por tener
por estar
un boleto de ida
claroscuro, brillante
un viaje
un pacto en el aire
fucsia
tibio
de purpurina
cascabelea la pulsera
y se aquieta. Despierta en un trono blanco
la reina de la noche.

Despedida a Marcelo

Despertar pálido
blanco hielo
inesperado
hondo
duro
extranjera en mí
¿dónde estoy? Escucho truenos
me hacen sentir que sigo acá
que todavía hay algo cierto
que puedo decir
me descalzo sobre el pasto reverdecido de la lluvia anterior
miro enfrente
es tan cerca y tan lejos
eso que pasa por el corazón.
Caen gotas nuevas
el olor a tierra mojada
me lava las uñas
de un dolor ajeno
que hago mío.
Todavía algunos pájaros
revolotean hacia alguna parte
hacia un refugio cualquiera
que es un abrazo
o un intento de no alejarse.
Llora un niño pequeño,
la noche,
el beso,
el silencio
o alguien
debe partir.

Antes que llore una soleá

Vengo de un estado que no importa
de un tiempo para irme o quedarme
para no estar en un solo lugar
para que me sigan
para llenar lo quieto
para ver nacer el ruido y la magia.
Vengo a componer una entrevista en tus ojos para que no te rindas y creas o desconfíes peo tengas al menos una chance de levantar a mirada. Me acerco al espejo
tomo forma en lo que veo
me ato el pelo
cierro los ojos
mis brazos cuelgan como serpentinas
los muevo lento
me muevo rápido
me ablando
me alzo
me dejo caer
como si el movimiento me alivianara
mitad espuma, mitad arena
doy vueltas
los pliegues de la pollera se me abren
como una campana
que abre tantas veces el silencio
dejo que entre el aire
zigzagueando
a un lado y al otro de mis caderas
y cuando trepa
fosforecen mis pies en los zapatos
y antes, mucho antes
que llore una soleá
las manos se me abren.

Al otro lado

Hay un hilo que queda al otro lado del resto desarmado,
cansado de deambular entre masas cóncavas y firmes de la calle.
Hay un hilo que es vaivén de aire sobre la sombra.
Se cierra el vuelo de un pájaro
huye de las garras y los dientes de la muerte.
Aúlla siempre el más grande
la lentitud del ruido lame mis ojos.
"¿... es cierto que hay relojes que se paran cuando se mueren sus dueños ...?"

El 17

Sé que otra vez
el amor no vendrá
y que nuestros cuerpos 
cubiertos con la misma sábana
y el mismo polvo
rancio y frío
se deshabitan
sin nada que ofrecer
que no sea
otro silencio.

Hebras de un día

I
En un sendero largo de pasto seco
andábamos en sulky 
con un mulo bayo y arisco
que después aprendí a acariciar.
Un farol iluminaba el rancho
y el molino
en la entrada un barril
trababa la puerta
para que no cierre del todo
al costado un techito
con fardos de alfalfa
y adentro la mamá de Marta
que ya tenía listo
un cacharro con puchero
y un pedazo de pan con chicharrón.
Nadie hablaba nada
pero después de comer
jugábamos a las cartas
hasta que nos daba sueño.
Para dormir
teníamos que apagar antes la vela,
correr en la oscuridad limpia
y amontonarnos
en un único colchón. II
La mañana paría al sol
y entraba inmensa
sobre la ventana abierta
todo un campo enorme y amarillo
donde jugábamos a correr sin tiempo
o a caernos sobre la hierba y olerla
¡y qué lindo era!
Antes de las 6 gritaba un gallo,
decían que era malo,
que te corría si lo mirabas mucho
y a mí eso me daba miedo
así que quietita esperaba que se calle
y después sí me levantaba
tomaba rápido un jarro de mate cocido
manoteaba una rodaja del pan de ayer
y corría a ver …
Yo Babilonia la grande,
madre de las rameras
ardor de la ira
plaga de granizo
blasfemia.
Yo morada del miedo
y de las marcas
sierva de la bestia
hechicera
final del libro sagrado,
apocalipsis
Yo mujer. Me levanto por mí
y por cada una
por todo el silencio
que tuvimos que tragar
por todas las veces
que nos mezclaron
la sangre con el fuego
y que abrieron la tierra
para escondernos el llanto
desgarrado
hecho humo. Me levanto
para no escuchar más
rechinar los dientes
de inmundicia
y tener que apretar los míos
me levanto
como linaje de azufre
aunque tenga que cambiar
al mismo dios.