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Llegabas
con un atadito de flores,
con pies con ganas de entrar,
con una sonrisa.
Llegabas
justo a tiempo.
Las hojas rugen en los árboles
y caen.
Todo se desenjaula
los pájaros en los nidos, 
las mandarinas,
la siesta.
¿No es acaso este desparramo un acto de amor?
Se retuerce la silueta del cielo
y cae en principio muda.
Gota a gota se acurruca
en un nido de tierra
para reverdecer la danza de lo verde
y colmar la sed de las semillas
que lucirán luego maduras
junto a las migas que sobran
en una panza llena.


menguar las hebras
y girar
el sudor en el agua.
Ví también
escapar en vano el calor
 y fundirse en la boca.
Sin embargo,
mientras fraccionaba el silencio
en los bolsillos de la casa
no supe ver la espera.
Nos despedimos hace tiempo
cuando nos empezaron a caber
las manos de nuevo
en los bolsillos.
Quiero gustarte siempre
cuando sea fruto seco y gastado 
y ahora
que todavía cascabeleo en la risa y sin ropa.
Siempre
y que no se te ocurra más 
que llegar
y oler la madera en mis hombros 
y en los muebles
y sacudir el polvo que dejan las sábanas 
cuando muerden con sus elásticos.
Pero por encima de todo
que no rasgues mi cuerpo en la mañana
cuando el hambre suba al estómago
y no te colme el mismo pan.

Como el amor

Llegar, ver de reojo como buscas la llave en la mochila y abrís la puerta de la casa que todavía no es nuestra por que tenes espacio en el ropero, un cepillo de dientes en el baño, tu lugar en la cama y en la mesa, y trajiste hasta el gato pero te cuesta asumir que nos habitamos hasta los huesos y preferis decir que vamos a decidirlo ambas y yo no aguanto sonreír y me doy vuelta para que no veas, como si no se te muda sola la piel cuando me tenes cerquita, como si se pudiera evitar. Entramos, abrimos todo lo cerrado, hace calor y vamos al patio, tendemos el amor bajo el cielo desnudo, bebemos del vino que compramos de camino en el super y se nos vuelca un poco al rozarnos, nos damos ese beso que nos debíamos desde la calle, lento y largo que sigue detrás de las prendas fugaces que nos cubren. Me aprietan tanto las piernas que las abro como quien abre una panza llena de hambre o una jaula llena de pájaros que se vuelan a vos te gusta llenar ese vacío que queda con caricias, redondeando …