Entradas

Resistir

¿Quién me contará algún cuento cuando ya viví precipitadamente el final?

Desde el mismo dolor
o tal vez con el peso de la tristeza
de años yo pensé que estaba rota,
arrebatada, humillada
que no soportaría ante tanta amenaza la crueldad
pero aunque fue larga la espera
y los planes se dispararon en sentido contrario,
resistí.
Supe también que si lloro
es por sensible y valiente
por el peso de no bajar los brazos
al desmoronarse las cosas,
y cuando solo lo que pasa es el tiempo,
resistí.
Marché,
creí, aposté,
acepté la mano tendida
me sentí acompañada, más liviana
y fuerte.
Lloré aún con desgarro pero
sentí amor en el dolor
y pude contarlo, segura.

Hoy me detuve entre tanta urgencia
y atropello
en la mujer que habito
esperanzada,
con posibilidades brillando en los ojos
de espíritu grande y valores intactos,
de buena madera (como se dice)
miro el fervor que me salva
y me emociono de orgullo.

Como Rocío o como el amor

Llegar, ver de reojo como buscas la llave en la mochila y abrís la puerta de la casa que todavía no es nuestra por que tenes espacio en el ropero, un cepillo de dientes en el baño, tu lugar en la cama y en la mesa, y trajiste hasta el gato pero te cuesta asumir que nos habitamos hasta los huesos y preferis decir que vamos a decidirlo ambas y yo no aguanto sonreír y me doy vuelta para que no veas, como si no se te muda sola la piel cuando me tenes cerquita, como si se pudiera evitar. Entramos, abrimos todo lo cerrado, hace calor y vamos al patio, tendemos el amor bajo el cielo desnudo, bebemos del vino que compramos de camino en el super y se nos vuelca un poco al rozarnos, nos damos ese beso que nos debíamos desde la calle, lento y largo que sigue detrás de las prendas fugaces que nos cubren. Me aprietan tanto las piernas que las abro como quien abre una panza llena de hambre o una jaula llena de pájaros que se vuelan a vos te gusta llenar ese vacío que queda con caricias, redondeand…

Todavía

En el ayer de los cuerpos
que huyeron del roce,
en los poros huérfanos de un junio,
lejos de todo lo que ha muerto,
del recuerdo y lo que ata,
de los hueco del silencio
del encierro de este cuarto
una luz insiste,
en ser brote en el olvido,
llave y fuego en los instantes,
persiana baja en la ausencia
y un viento suave y azul,
para posarse en los párpados del tiempo
o de tu cuerpo
y al precipitar en la interperie los bordes
apagar por siempre la culpa.

Sin tilde y con vos

Despertar en la siesta de los otros,
o preparar una noche a las 5 de la tarde,
almorzar con mates los poemas de Fogwill o alguno tuyo nuevo,
regar la tierra,
ver crecer el pimiento,
a veces cortar juntas el césped
para luego tendernos en el suelo,
o cenar en el piso del patio,
y de postre gemir sobre la mesa.
Bañarnos, 
mirar un capítulo de la serie que no me dejas avanzar sola,
quedarnos casi dormidas
o dormirnos siempre abrazadas
y por la mañana que yo me levante primero y le de comer a los gatos, 
que abra la puerta del fondo y respire ese aire primero
y luego que vuelva a la cama y me preguntes por que te dejo
y dormirnos un rato más siempre abrazadas
y así, despertar en la siesta de los otros.

Y vos que me preguntas cómo me siento,
cómo me calza esta rutina
que nos abraza y acomoda los días y la vida
Y yo que pienso, que la adoro
que no quiero que se apague,
que no es más que un hábito en el amor
sin tilde y con vos.

Elena

Fue un espacio no yéndose,
el paso firme que no se rinde,
la voluntad sin desborde,
la historia que desdobla la trama,
el sueño recuperando el tiempo.

El buen síntoma,
lo encendido,
así era ella
eco y deseo de las cosas,
la distancia de la rutina,
el inmenso abismo del valor.

Hoy todo es diferente
la intemperie observa en primera fila
el absoluto cúmulo del vacío,
una misma Elena en otra piel
más frágil y cansada,
triste en la tristeza
presa de lo que lleva dentro
respirando aire en pastillas
rasguñando la imposibilidad de volver.

De un perfume

¿Y ese baúl de cartas, esas semillas, ese perfume?
Al principio era apenas, ahora crece por todo.
Las sábanas se hilvanan en el azúcar
de tus manos nacen peces y algunas hojas.
Le hacemos al frío el poema.
Vamos a disimular,
sería como una chimenea recién encendida,
ya se apagará.
Los vecinos están mirando,
el vino se vuelca,
se desparrama la sed
como flor abierta.
Los vecinos miran hacia arriba
soplan el fuego, lo vuelven enorme,
traerán todo el insomnio
de apenas una semilla en pleno beso.
¡Oh dios!
de un perfume.

Cualquier  horizonte se desvanece
bajo la sombra de tu espalda tendida
y las caricias.