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Mostrando entradas de enero, 2017
Llega un punto en que el coro de carámbanos 
se rompe,
se parte, 
se quiebra,
se desliza,
se derrite,
se desvanece,
se escabulle,
desaparece,
y me trepa la calma
me sube,
me colma,
me embalsa,
como una riografía enorme
y todo en mí despierta.

¿Alcanzará una noche para estas ganas?

Invierno

Languidece el aire opaco y áspero desde afuera, Se secan los domingos sobre fuego en la chimenea, crujen huesos caídos de los árboles. Nada lo remedia,
Ni el café, ni el diario, ni el nido.
Soy una migaja de pan duro
dentro de la rajadura del asfalto.
Si supieras cómo el cielo me aplasta.
Domingo roto sobre el fuego de la chimenea,
crudo, febril, áspero, opaco.
Nada lo remedia,
ni el crujir del hueso caído de un árbol,
ni el café, ni el diario, ni el nido.
Me arropé de invierno.
Tarde de plomo, fétida.
No sé si nace, muere o ambas. 
Desgarro del vacío,
septicemia del alma.
Tengo un 2 de enero estrangulado en la garganta, Un tormento agonizando la noche oscura de mi alma. ¿ Cuánta ceniza faltará para la vida?
Tristeza enorme
profunda y muda que vuelve,
siempre vuelve.
Yo soy el mar y su orilla.