jueves, 13 de julio de 2017

Si hablo de tiempo puedo decir que hoy casi llueve acá en el barrio y por mis ojos y también puedo decir que yo sé de ese tiempo que es espera. Me dí cuenta desde que tenía como 3 años cuando hamacaba mi muñeco deseando que fuera real y tuviera tus ojitos.
Y si hablo de ojos puedo afirmar como se llenaron de felicidad al saber que venías.
Y hablando de saber garantizo como abracé fuerte mi panza en cada caída porque el único golpe que no iba a soportar era el de que algo te pase.
Y hablando de pasar, pasó por fin el tiempo y la vida me premió de tanta espera y llegó el día. Sí, así llegaste como un sol enorme a iluminar el mediodía de aquel junio y de mi vida y entonces ví tu carita con tus muecas y dejé de estar ciega frente a todo. Apenas si pude cargarte en mis brazos, tan fuera pero tan dentro, mi pequeñito!
Entonces ahora puedo hablar de mí con ganas, porque hablo de vos y del amor, 
y de tus pequeñas manos y tus pies tan suaves 
y de ver cada día como creces,
de tu frescura y de tu risa.
Y también me da ganas de hablar de los días que son por siempre aunque te vayas, aunque te enojes, a pesar de tus berrinches, de tus planteos, de los momentos calmos y tiernos, de tus largas charlas, de lo que frustra y del esmero.
Este siempre es desde que yo jugaba cuando niña hasta que se acabe el juego cuando vieja, es cuidar que nadie te haga mal y si lo hace poder darte alivio o que nos duela juntos.
Si digo acompañar es cada vez, cada instante y donde sea, es sentirte todavía dentro y abrazarte fuerte como aquella vez, es llevar tu corazón puesto para que te sientas a salvo y darte paz.
Es un pacto, un lazo, un tiempo con tiempo, un poco todo, algo eterno.






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Como rocío o como un relámpago, exactamente así.