Derrumbo de un golpe la miserable puerta interior
entierro al vacío la pena.
Escupo abandono, 
bebo sedienta el dolor de lo largo y ancho 
de este insomnio que aprieta.
Me desangro de todo lo que no pude,
me declaro culpable.
Apuñalo el desamor de una noche hueca,
entierro boca abajo el óxido pútrido
que chorrea el miedo.
El dolor corroe la espina del olvido.

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