miércoles, 28 de diciembre de 2016

Soy mujer como la que me parió, cómo las que parí,
cómo las que más amo
Cómo las que vendrán 
de mis generaciones,
cómo la del vientre que parió 
al que me lee.
Soy mujer y me fascinan
por eso las admiro,
por eso mismo lucho, 
sostengo, decido y aporto
con lo mucho o poco que tenga.
Pienso y anhelo un mundo de mujeres sensibles, honradas, valientes que se animen, que apuesten, que si reciben sea 
porque se lo han ganado,
que sepan el valor de un trabajo,
que sean remuneradas por su sacrificio, por su esmero
y que puedan parir mujeres 
con valores heredados de ellas mismas en un país grande, 
grande de convicciones y logros.
Por las mujeres y sus hombres, 
por los que defienden sus posiciones
porque piensan distinto 
pero al fin de cuentas 
desean lo mismo 
por los educados bien 
que son capaces de sostener 
la frente en alto ante la derrota aunque defiendan sus principios.
Por los que estamos y por los que nos sucederán.
Pero por el hecho mismo 
de ser mujer,
es que ese ladrón 
embestido en falda
me llena de vergüenza ajena.
Porque una mujer es quien lucha a la par de un hombre y viceversa, 
una mujer se dignifica, se esfuerza
y sus logros no llegan como frutos que caídos de un árbol,
sus logros saben a sudor ganado.
Soy mujer y esta es la herencia 
que me han legado.

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Como rocío o como un relámpago, exactamente así.