Nos abrieron la puerta, 
nos originaron, nos emanaron una hora,
tatuaron un nombre, un sexo, 
nos definieron.
Nos entregaron a un recóndito 
mundo que cohabitamos con extrañeza.
Pero no pudieron sujetarnos 
toda la vida a una misma idea. 
por que nos escapamos 
en cierta forma 
nos paramos frente a la creación eminente
de lo que hoy somos.
Y antes de que el mismo umbral concluya
desdibujamos bosquejos al azar,
apostamos a la propia obra,
delimitamos planes con un sello nuestro,
refulgimos entre lo dormido del tiempo,
alternamos e impulsamos dentro 
de la quimera de la pertenencia.


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