miércoles, 28 de diciembre de 2016

Maestro

Sí, un gran maestro es quien 
debajo de la profesión 
puede sentirse un aprendiz.
El mío tiene manos de poema triste,
de aulas rizomaticas 
que conducen a sus verdes.
Con el aprendí: aprender.
Que una clase fría de lluvia 
cayendo sobre la ventana 
puede convertirse en música.
Que ciertas obsesiones
se vuelven dulces y admiradas
como las hambrientas letras 
que leo en su muro.
Que para tener conocimientos de algo
basta con fundamentar bien 
una opinión, la nuestra tal vez.
Que somos tan libres de asistir 
como ganas tengamos de crecer.
Que cada nuevo saber adquirido deberá dejar la puerta entreabierta 
y encender la duda.
Que el aprender, se trata de comprender y elegir con que quedarse.
Que estamos listos para un exámen 
cuando confiamos 
en nuestra capacidad. 
Que para una provechosa clase 
no es necesaria un aula, 
las plazas con grandes árboles 
son tan buenas como interpretar 
la veleta de sus palabras
y cómplices, seguir el camino.

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Como rocío o como un relámpago, exactamente así.