miércoles, 28 de diciembre de 2016

Intento

Vivo moribunda de días
ardo enfriando los escasos ayeres que me habitan.
Lloro tu risa, casi lluevo sonriendo
pero cuándo apareces...
te escribo enmudecida sustrayendo nuestros nombres
luego destilo la libertad desvanecida de aquel verbo 
que tiembla inútil cómo el tiempo.
Inconstante. Así, en ese orden.
Abrazo todos los besos que no me diste,
los estrujo contra mi aliento.
Siento tus manos inmóviles que corren mis abismos y yacen
cómo mandarinas putrefactas sin árbol.
No permitiré caer en sábanas inhabitables del olvido, aún no!
Navego el pretexto y significante de la profunda soledad de estos versos.
¡Qué todos sepan lo que ignoran! 
Nadie se ha dado cuenta
que volar siempre fue cuando caímos.


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Como rocío o como un relámpago, exactamente así.