miércoles, 28 de diciembre de 2016

Habitada

Predicción de las buenas,
fue llegar.
Detrás de la puerta, 
el naufragio de hundirnos en la mirada que llevamos a cuestas 
lo que duró el viaje.
Un abrazo vendabal 
nos dió la bienvenida,
Cerrar con llave, fue ser libres.
Libres, como rozarnos los labios y las manos,
libres, cómo el humo de la dulce hierba impregnándose en las cortinas,
en la mesa y el mantel.
Si te fijás, aún quedan
migas de amor en los vasos vacíos.
Un espejo en la esquina 
dibuja el bosquejo 
de confesiones indecentes
que terminaron desplomadas 
en la cama.
No me preocupa lo que piense 
aquel arco apuntando en la pared,
si desde siempre 
quisimos decantarnos.
La mesita de noche enciende aromas 
al mismo ritmo de la música 
(entiendo que esté celosa), 
ella no puede rayar la noche lenta 
para que dure, 
tan solo puede vernos deseosos, húmedos, moldeados 
fusionados entre la luz penetrando suave por la ventana
y el reflejo gimiendo de nuestra entrega.
Ay de la lluvia fría en el baño!
envolviendo en dosis alta 
nuestras manos liberadas,
frotándonos todo,
incluso pleno Julio.


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Como rocío o como un relámpago, exactamente así.