miércoles, 28 de diciembre de 2016

Grito

Afuera, la tarde se aleja de a poco cómo sombra
cómo la causa de tu huída hacia cualquier parte,
hacia los relojes futuro de un recuerdo,
hacia el sendero púrpura
que todavía anida en el hueco de mi espalda.
Pensarlo es desolación,
es abrazarme a tu ausencia,
a tus manos repletas de adiós,
a los gritos mudos de cada imposibilidad madre.
Sentirlo es lucha a mares,
es llover tempestades en invierno,
es declararle: ¡Fuego! a las respuestas hache del silencio.
Es agonizar la voluptuosidad de este vacío que aprieta,
es ver caer uno a uno los segundos y que todo se detenga,
es la soledad colándose por los huesos
y lo que queda que duela,
es una última bocanada de aliento, 
y justo ahí dónde respiro es dónde entras
y te alzas nupcial con un llamado.
Escucharte la voz y presentir la mudanza muscular en todas las curvas de mi cara, 
es ver en mí misma, la sonrisa que dibujas
y me salva.

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Como rocío o como un relámpago, exactamente así.