miércoles, 28 de diciembre de 2016

De mi niñez

Sus pequeños suecos rojos retumbando en el piso de madera, 
En un costado el limonero y la canción de la blanca paloma.
La parrilla del asado que tanto le pedía al tio, en el fondo.
La rubia muñeca Katy. 
Un baño tan grande como un cuarto.
Las escaleras y la tía subiendo con yeso.
Ventanas largas balcón.
El cuadro del oso de ojos grandes colgado en la pared, regalo de papá.
Cumpleaños de la abuela en el patio
con canapés de chinitos con aceituna y morrón.
Siestas de verano y solapa.
Un heladero en bici que ofrece el irresistible Popsy de naríz de chicle.
Cristian hijo de Beba mi inseparable primer mejor amigo - novio (decían) para mí era un hermano.
Largas tardes de juego con Guille o Laura la hija del mecánico, el que tiene un auto arriba del techo en la esquina (aún está).
Calle de viejos adoquines azules,
veredas amplias, puerta alta de madera.
La plaza Saenz Peña que invita, 
una vuelta en calesita.
Caminatas a lo de Dori, o hasta el 
jardín Rayuela de guardapolvo naranja.
Flequillo largo y vestidos con canesú.
Primer añito, corona brillante y el hada de adorno en la torta.
Colección de cuentos en caja con forma de casa que rompí al instante y término en penitencia .
Luego llegó Paola, la morocha muñeca de discos intercambiables.
Las fotos de Luisito infaltable en los eventos!
Calle Belgrano es infancia,
es esperar que llegue del correo la Bela,
es el dedo del pie partido con un ladrillo 
o el Dogo comiéndose un almohadón.
Es la visita de la bisabuela Ana y cebarle mates de leche con el equipo que me regaló,
es sentir tan lúcido cada recuerdo,
tan definido en el tiempo
que aunque fue ayer,
aquella niña de lacio cabello 
que vive en mí,
en días festivos como hoy
me invita a la rayuela.


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Como rocío o como un relámpago, exactamente así.