miércoles, 28 de diciembre de 2016

Costumbre

Pasar el tiempo tendida con mis huesos,
con manos de cielo 
a vuelo de pájaro libre,
de instantes añiles, 
de horizontes inexplicables 
donde hacen ronda 
los pedacitos tristes
acunándose como nido
en el silencio ensordecedor de la memoria.
Figuras desnudas al azar:
tu nombre, 
un niño deseado 
y un final robado de un cuento.
Los segundos se vuelven redentores entre nubes.
Es la vieja costumbre de nacer a gritos,
con la necesidad de abarcarte, 
de durar más de lo debido,
de consumarte.

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Como rocío o como un relámpago, exactamente así.